Ya huele a fin de año y los diputados sin ganas de trabajar. La última sesión de la Comisión de Seguridad Pública del Congreso del Estado fue cualquier cosa menos seria.
Aunque el reglamento exige reuniones presenciales y limita las virtuales a casos extraordinarios, los diputados decidieron conectarse desde donde pudieron… o donde quisieron.
El presidente de la comisión, Cuauhtli Badillo, fue el único que llegó a la Sala Colosio y obligado a conducir la sesión en solitario mientras veía a sus compañeros aparecer en pantalla desde escenarios improvisados. La vicepresidenta Leticia Vázquez se enlazó desde su vehículo en plena carretera; Marco Gama desde instalaciones partidistas; Nancy Jeanine García desde la vía pública; y Aranzazú Puente desde otro edificio legislativo.
Pese a que el reglamento interno solo permite sesiones no presenciales en epidemias, fuerza mayor o mediante acuerdo formal —ninguna de esas condiciones presente—, la reunión avanzó como si fuera completamente válida. La normalización del multitasking legislativo, el evidente desorden y la falta de coordinación quedaron expuestos sin pudor.
Entre videollamadas tambaleantes, aprobaron dos exhortos: uno para reparar botones de pánico en la capital y municipios con presencia de la UASLP, y otro para promover campañas del conductor designado en diciembre. El problema de fondo es contundente: una comisión encargada de la seguridad pública no pudo garantizar ni el orden básico de su propia sesión, contradiciendo el artículo 135 y evidenciando el deterioro del trabajo legislativo en un tema crítico para el Estado.





