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(ESPECIAL: GALERÍA-VIDEO) Pasión por el fútbol, en un mundo a oscuras

Por Lilia Cebrián M.

  • Luis Alberto retomó su sueño de continuar en el fútbol, aunque en condiciones adversas e inimaginables, cuando perdió la vista en un accidente. Hoy, ha competido con equipos internacionales, en un fútbol adaptado para ciegos, que le hizo revivir la pasión por este deporte.

Es padre de familia, hermano, hijo, empleado en un Spa y también es futbolista ciego. El recuerdo más remoto del fútbol en su vida, es cuando lo jugaba en su infancia, siempre fue su pasión y eso lo tiene claro. En aquel entonces, pisar una cancha de tierra suelta y patear balones, lo disfrutaba tanto como lo hace ahora, a pesar de que una “jugada” del destino le arrebató la posibilidad de seguir viendo el mundo de manera física, hace 7 años. Aunque no ve la realidad, la escucha y la tienta como nadie.

Luis Alberto Tovar Hernández, tiene 31 años de edad, adora a su pequeña hija Saide, a su esposa y a cada uno de los miembros de su familia; todos ellos fueron el impulso más importante para que, hoy, hable del momento más crucial y adverso de su vida, luego del proceso personal para alcanzar la resiliencia.

Aunque dejó de practicar el fútbol por casi 3 años, hasta hace unos 4, lo retomó, porque entendió que su discapacidad visual no será nunca, una limitante. Actualmente lo hace dentro del equipo Búhos FC de San Luis Potosí, un equipo conformado por amigos y compañeros que se enfrentaron al mismo dilema del destino: perder la visión. Recuerda que, hace casi 8 años, lo hacía con el equipo local de su comunidad, en Guadalupe Victoria, Mexquitic de Carmona, “Halcones de Guadalupe”.

Luis no culpa a nadie por lo que pasó ese 6 de julio del 2013, cerca de su casa, cuando tuvo frente a él, una escopeta a dos o tres metros de distancia, según relata. Un sujeto la hizo disparar y las balas lo atacaron en el pecho, sin embargo, no perforaron su piel, pero si rosaron sus ojos.

Todo pasó rápido; por la lesión en ambos ojos, los cerró, sin imaginar que ya no los volvería a abrir, y a pesar de visitar doctores y especialistas en el tema, tanto en San Luis Potosí como fuera de, en busca de ayuda para recuperar uno de sus cinco sentidos vitales, no fue posible revertir el daño, la herida había sido directa y había afectado todos los órganos internos. El diagnóstico fue la pérdida total del ojo izquierdo, del derecho había una esperanza, que después de varios meses de terapia y rehabilitaciones, los doctores desmintieron que podría volver a ver.

Su vida se transformó a oscuridad, literalmente, cuando tenía 24 años de edad. Le fue tan complicado salir del “abismo”, como él mismo lo llama, y entender que las cosas suceden y no dan aviso previo. Ya no pudo volver a ver a su menor hija, ni a su esposa, ni a sus padres; comenzó a negar su situación, no podía creer que de pronto su mundo era oscuro; no era el suyo, él no pertenecía a ese.

Así, pasaron alrededor de 7 meses, fue y vino del Hospital, pero él seguía en la misma situación, cada día despertaba esperando, de pronto, poder ver físicamente su recamara, a sus amigos, sus cosas, la vida de afuera, pero la única realidad que percibía era la suya, la de una vida “oscura”.

En el lapso de esos siete meses, también buscó otras alternativas médicas, visitó especialistas fuera de la ciudad. Acudió con un retinólogo y un oftalmólogo, quienes, al inicio, le dieron, poca, pero cierta esperanza. Después de estudios y valoraciones, la resolución era la de un principio: ´de nada sirve explorar tu ojo, por dentro está todo dañado, la retina, el iris, todo… no vas a volver a ver, perdiste la vista”.

“Fue muy duro para mí, para mi familia, fue difícil aceptar otra etapa en mi vida, me modificó todo, en todo. Tenía un trabajo estable, tengo una familia, y en ese entonces, yo era el pilar, el sustento de la casa, tenía mi hobby de jugar fútbol”.

 

LA SEGUNDA Y MÁS GRANDE OPORTUNIDAD

Por el trayecto de las balas y la cercanía con la que fue atacado, Luis Alberto agradece a dios seguir vivo. Para él, haber perdido la vista, más no la vida, es una “segunda y muy grande oportunidad”. “Es otra vida, y es diferente, le agradezco a dios que decidió que yo me quedara y siguiera viviendo”, expresa.

Las secuelas físicas del ataque le dejaron la pérdida completa de la visión. También le dejó incrustadas algunas esquirlas en zonas de la cara y del pecho. Los doctores le aseguraron que, con el paso del tiempo, esos restos balísticos saldrían de su cuerpo sin complicación, pero “hasta ahorita no ha salido ninguna”.

Gracias al apoyo, tanto económico como emocional, de cada uno de sus hermanos, de la madre de Saide, su hija; de sus padres y amigos; pero también de quien era su “jefe”, “su patrón”, el ingeniero Alejandro Pérez Espinoza, es como fue impulsado para dar el primer paso a dejar la tristeza, el miedo, el resentimiento y empezar su nueva vida.

De hecho, poder ser intervenido por especialistas fuera de San Luis Potosí, fue gracias a la ayuda económica del ingeniero, pues de acuerdo a las propias palabras de Luis, fue una de las personas que realmente le brindó el apoyo, en el momento más inexplicable de su vida. Fue quien, además, lo animó para entrar al Instituto para Ciegos y Débiles Visuales “Ezequiel Hernández Romo”, ubicado en calle Reforma, en el Centro Histórico, al que hacía hasta dos horas para poder llegar.

“Al principio, yo no lo creía, fue difícil adaptarme”. Poco a poco fue conociendo a otras personas que compartían el mismo problema que él, que por enfermedades o por accidentes, también han perdido el funcionamiento de sus ojos, no obstante, ahí estaban aprendiendo computación, el método y lenguaje braille, aprendiendo cómo hacer uso del bastón en las calles, pero, lo más relevante ha sido que aprenden a aceptar y adentrarse a su realidad.

Con ayuda psicológica, Luis aprendió que hay que seguir adelante por sí mismo, a sentirse orgulloso de lograr las cosas, que no se imaginan muchas de las personas que padecen alguna discapacidad, a apostar que la sociedad debe adaptarse a personas como él, y personas como él, deben adaptarse a la sociedad.

Luego de su estadía en el Instituto, ya no era esa persona sin ganas de continuar, ya no pensaba en su accidente, sino deseaba trabajar y enfrentar su las adversidades de su alrededor como todos, por su hija, por su familia y por él mismo. “Fui ganando la confianza en mí mismo y me decidí a estudiar la preparatoria abierta, de dos años”. Aunado, también invirtió un año dedicado a estudiar un diplomado en masoterapia, en el mismo Instituto. Este diplomado, es lo que le abrió las puertas para obtener un empleo como masajista en “Los 5 Soles Spa”, lugar al que, por las recomendaciones sanitarias por la pandemia de COVID-19, ahora, solo está yendo a trabajar tres días a la semana, hasta nuevo aviso.

“Quiero seguir aprendiendo más cosas, si Dios me da licencia, me gustaría estudiar algo en la Universidad, como fisioterapia o algo por el estilo. La masoterapia va dentro de la fisioterapia y me gusta mucho aprender sobre los músculos, aunque la fisioterapia es complicado, porque ahí ya se utilizan aparatos como el ultrasonido y otro tipo de ejercicios con bicicleta, y la masoterapia solo son masajes y curación de lesiones, contracturas o quitar el estrés”.

Para lograr acercarse pronto a la fisioterapia, debe trabajar mucho; primero, juntar dinero, y asegura “de que se puede, se puede”. Agrega, entusiasmado, que varios de sus compañeros en el Instituto han terminado licenciaturas universitarias, en profesiones como Administración de Empresas y Psicología, otros estudian Derecho; ejemplos de vida que le transmiten ánimo para ser uno de ellos.

 

EL DOLOR MÁS GRANDE, TRAS DEJAR DE “VER”

Dejar de ver, le ha permitido desarrollar otros sentidos de manera increíble, como el tacto y el sentido. Esas habilidades son indispensables para desarrollar su cotidianidad y disfrutar a su familia, como antes.

Para Luis, “no ver” el crecimiento físico y emocional, de su hija, Saide, quien cursa el cuarto año de primaria; ha sido el golpe y dolor más grandes que ha experimentado, mismos que por extenso periodo le provocó impotencia. Pero el tiempo lo cura todo, el tiempo le enseñó a “ver con el corazón”, a “sentir su carita” y crecimiento.

“Nada más de imaginarme que cómo iba a ayudarle a hacer su tarea, me iba para abajo. Aunque yo quería ayudarle, no sabía cómo explicarle, no sabía cómo resolverle sus problemas de la escuela. Era de sentirme muy impotente hasta de no poder cuidarla, porque cuando están pequeñas pues no falta que se caigan o decirle que tenga cuidado, que hay un hoyo en la calle, esa impotencia de no poder reaccionar, fue lo que más me ha provocado dolor. Ahorita, gracias a Dios, yo me he adaptado a ella, y ella a mí, me entiende, ella me dicta la tarea y yo le resuelvo, porque yo decía ´yo estudié y yo sé resolver esas cosas´”.

Saide, ha entendido la discapacidad de su papá. Ahora, ella tiene 10 años de edad y conocer perfectamente las cosas, sabe lo que pasó hace 7 años y ha tomado las riendas para acompañar a su padre, para guiarlo en la calle, orientarlo en la casa y, también, para acomodarle el balón al frente, cuando practica en la cancha deportiva de la comunidad. Eso, lo documentamos el día en que grabamos esta entrevista.

“MI SUEÑO, A PESAR DE LA OSCURIDAD”

La pasión por jugar fútbol no se esfumó luego de perder la visión de ambos ojos, aunque si dejó de hacerlo los dos primeros años después del accidente, pero hace 5, volvió a revivir el gusto y la emoción por este deporte, cuando el profesor Emmanuel Medina, del Instituto Ezequiel Hernández Romo, le propuso jugar un fútbol distinto, un fútbol adaptado para ciegos.

“Yo ya no lo puedo jugar”, fue la primera reacción a dicha idea, no obstante, cuando le fue presentada una modalidad adaptada para personas invidentes, encontró la puerta abierta para continuar su sueño, su pasión por el fútbol.

Se trata del Fútbol 5 Adaptado. Este deporte alcanza competencias mundiales y desde 1996, es considerado una competencia paralímpica.

En los últimos años, Luis ha viajado, junto al equipo local Búhos FC de San Luis Potosí, a diferentes ciudades de México, para participar en torneos internacionales, al igual que han recibido a equipos provenientes de Costa Rica y Uruguay, a jugar la Copa Libertadores, en la cual, Buhos FC obtuvó la victoria.

Precisa que en el año 2016, viajó a la ciudad de Aguascalientes, se trató del primer campeonato que obtuvo como integrante del equipo local, después en 2017 y 2018, acudió a la competencia nacional en la ciudad de Puebla, donde también resultaron ganadores. En diciembre del 2018, fue cuando se celebró la Copa Libertadores y San Luis Potosí fue anfitrión, recibiendo a jugadores de Fútbol Adaptado costarricenses y Uruguayos. Un año después, en diciembre de 2019, compitieron en San Juan de los Lagos y, de nueva cuenta, fueron campeones.

El equipo Búhos FC tiene aproximadamente 10 años de formación, Luis se integró hace 5. En total, han obtenido alrededor de 6 campeonatos, puntualiza.

El fútbol adaptado consta de dos equipos con 5 integrantes cada uno, todos débiles visuales, a excepción del portero, que es el único de cada equipo que si ve. El balón contiene una especie de cascabeles en su interior, para que los jugadores lo escuchen al momento del juego, también deben usar cubreojos y guantes. El portero es quien debe dictar indicaciones a los participantes de su equipo, para que tomen la posición adecuada de contraataque. La duración de cada juego es de 20 minutos y el objetivo es meter el balón a la portería.

Luis agrega que 2 de los jugadores ocupan posiciones de defensa, uno medio y otro delantero. Además, hay otra persona detrás de la portería del contrario, que ve y guía a los jugadores de su equipo.

Pero este deporte también tiene riesgos. Varios compañeros de Luis y él mismo, han sufrido accidentes jugándolo, el más reciente es una herida en la ceja. La palabra clave en este fútbol es “voy” cuando se tiene el control del balón, si el rival no escucha o no dice esta palabra, ocurrirán accidentes que podrían acabar en graves.

Actualmente, por la contingencia sanitaria, Luis no ha practicado como de costumbre con el equipo, pero espera que esta situación de salud en el país, no afecte la realización de la competencia nacional este año 2020, que normalmente se lleva a cabo en el mes de noviembre o diciembre.

“Cuando inicié, no sabía ni pegarle al balón, no podía conducirlo, pero el profe (Emmanuel) me enseñó el campo y yo ya tengo un mapa mental de él”.

Para él, regresar a jugar fútbol le devolvió la alegría de los días, le ha permitido volver a sentir que es posible transformar sus sueños y sentirlos realizados, alcanzar sus metas que, por meses estuvieron truncadas, le ha inyectado impulso a su vida “a oscuras”, y le ha permitido vivir una vida diferente, pero como cualquiera otra de quien camina a su lado, no importando si ven o no.

A lo largo de estos 5 últimos años, Luis Alberto ha entendido que sin la confianza en si mismo, no podría haber dado esta entrevista. Sí se hubiera quedado inmóvil, dejando que los minutos, los días y los años pasarán, no estaría contando esta historia de la cual se siente orgulloso, por haber demostrado a los demás lo capaz que ha sido, de haber vencido el temor de caminar a oscuras y hacer su vida normal, sin ver.

 

 

 

 

La discapacidad en cualquiera de sus tipos, no te limita, hay que ir detrás de lo que anhelas y cruzar el abismo. Sí nos hundimos nosotros mismos, jamás podrás ser un ejemplo para los demás, te tienes que esforzar en algo, que no será de la noche a la mañana, pero será gratificante cuando lo alcances, expresa.

Sabe, también, que el apoyo de su familia, fue indispensable para ser el jugador de Victoria, que no se dio por vencido, por eso les agradece, a través de este texto, cada minuto dedicado a él, a su rehabilitación, a su mejoría. Externa su gratitud por los comentarios positivos en la calle, asimismo, cuando al intentar cruzar las calles de la ciudad, escucha la voz de alguien que se acerca y le indica que ya lo puede hacer, cuando le toman el brazo y lo guían al otro lado de la banqueta. A todos ellos, les agradece.

Promete seguir firme y esforzarse más para alcanzar dobles logros y metas. Pide no desistir, no culpar a los demás ni a la vida, ni a Dios, porque la vida es incierta y a veces se te complica, pero la vida misma te da las alas para continuar el vuelo, aun cuando no hay fuerza.

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