Tras 24 años de militancia transmitida por su padre, su familia e ideales, el diputado local Edmundo Torrescano Medina anunció su renuncia al Partido Revolucionario Institucional, acusando que no les dará el gusto a la dirigencia local y nacional de expulsarlo, tras ser notificado de un procedimiento para sacarlo del partido.
Atribuyó la intención de ser expulsado el haber enfrentado las imposiciones en al dirigencia, y a una «venganza política, que busca “castigarme” porque hace un año fui la voz que se opuso a la imposición de quienes hoy dirigen el partido».
Aquí el mensaje completo, difundido por el mismo diputado esta tarde de miércoles:
Buenos días, amigos de los medios de comunicación, compañeros y compañeras del PRI, pueblo de San Luis Potosí.
Antes de fallecer en 1989, mi padre participó en los trabajos rumbo a la Asamblea Nacional del PRI, en su último discurso dijo:
“Requerimos de una nueva ideología, de una nueva cultura en el discurso político, que nos abramos a las nuevas expresiones de autocrítica, que convoquemos a un auténtico movimiento democrático, entendiendo éste, no solo en el interior de nuestro partido, sino que trascienda a la vida social.”
A 35 años, heredo el reclamo de mi padre, porque en este México en el que el autoritarismo se ha restaurado, sus palabras cobran más vigencia que nunca.
Fui militante del PRI aún antes de nacer. Mi familia fue militante del PRI y asumimos los costos y sacrificios de serlo. En el PRI desarrollé mi carrera profesional y política. En el PRI formé muchos de los mejores amigos de mi vida. En el PRI logramos victorias inolvidables y en el PRI lloramos derrotas que dolieron mucho.
Sin el PRI no se explica mi vida, mi vida no se entendería sin el PRI.
Reconozco en el PRI al gran instituto político que construyó México. pero hoy el PRI está secuestrado por una camarilla que colabora en la destrucción de México y de San Luis Potosí.
Hace unos momentos fui notificado del inicio de un procedimiento de expulsión en mi contra.
El origen formal es inverosímil, un pretexto vacío, vacío como un partido que hoy carece de ideas. La verdadera razón es una sola: una venganza política, que busca “castigarme” porque hace un año fui la voz que se opuso a la imposición de quienes hoy dirigen el partido.
Pues solo consiguieron dos cosas: llevarlo al peor descalabro electoral de su historia e imponerse en las primeras posiciones plurinominales.
Profesionales de la derrota son quienes buscan seguir acabando con lo poco que queda del PRI: por supuesto que no comulgo con su vergonzoso entendimiento de la política y claro que asumo las consecuencias de combatir a esa pandilla de traidores.
No les daré el gusto de consumar su absurda y cobarde expulsión.
Con convicción y firmeza, les comparto que he presentado mi renuncia irrevocable al Partido Revolucionario Institucional.
Renuncio al PRI, pero nunca a mis convicciones nacionalistas, liberales y demócratas.
Esas que ya no caben, ni se practican en el partido capturado por sus verdugos.
Sigo creyendo que la democracia es la mejor forma de gobierno, sin embargo, esta dirigencia reitera, con su sectarismo suicida que el PRI hoy no está para ser demócrata, y con cada acto lo confirman.
No puedo seguir adelante en un partido que confunde la institucionalidad con la sumisión de incondicionales. Pedir legalidad y respeto a los estatutos del partido es la gran afrenta que no me perdona esta dirigencia espuria.
Yo hoy dejó de ser priísta, pero ellos nunca dejarán de ser los sepultureros del PRI. La historia los juzgará no como revolucionarios, si no como los vendepatrias que son.
A quince días del peor fracaso del partido, no han sido capaces de asumir las consecuencias de su incompetencia; hoy siguen buscando culpables y regocijándose de la desventura del aliado, antes que reconocer la humillación que les hizo el adversario.
Ellos no jugaron para ganar. Jugaron a simular, para mantener su posición de privilegios, pues ninguno de los integrantes del comité estatal o nacional se atrevió a participar en situación de riesgo; abandonaron a los candidatos a su suerte, tratándolos como empleados antes que como militantes.
Un partido deja de tener viabilidad política, cuando al perder, su dirigencia gana.
Mi renuncia al PRI no es un rechazo a su historia, ni a la entrega de muchos priístas que aún siguen luchando por un México mejor, a ellas y a ellos les reitero mi amistad, aprecio y reconocimiento, pero yo ya no puedo seguir acompañando ese esfuerzo que, se los digo con todo respeto, carece de sentido cuando es la propia dirigencia quien busca aniquilarlos.
Mientras el PRI siga secuestrado por quienes nunca han dado resultados ni en el partido, ni en los cargos de elección que han tenido, las expresiones divergentes no tendrán lugar, y ese camino solo conducirá a su extinción.
Por esas razones, ha llegado la hora de decir: hasta aquí.
Hoy le digo adiós al PRI.










