El documental Jaripeo pone la lupa en una realidad poco visible, la presencia de códigos y experiencias queer dentro del jaripeo, una tradición popular marcada por la estética ruda y la hipermasculinidad vaquera. La producción explora ese contraste entre lo que se muestra y lo que ocurre en silencio, entre música, fiesta y comunidad.
La historia parte del recorrido personal del artista visual mexicano Efraín Mojica, quien creció en Penjamillo, Michoacán, asistiendo a estos eventos. Años después, ya como hombre queer, regresó a ese universo y comenzó a detectar señales, miradas y complicidades que según cuenta antes no sabía nombrar, pero que siempre estuvieron ahí.
Codirigida con la poeta Rebecca Zweig, la película opta por una narrativa más sensorial que explicativa. Combina registro tipo documental con material en Super 8, y suma una propuesta sonora que cruza lo regional con lo contemporáneo, para retratar tanto el espectáculo como las emociones que conviven alrededor de la arena.
El documental sigue a personajes que habitan este entorno desde distintas formas de identidad y pertenencia, y también incluye al propio Mojica en pantalla. Esa decisión, de acuerdo con el enfoque del proyecto, busca abrir puertas: acercarse desde dentro para generar confianza y propiciar conversaciones que no suelen darse en público.
Tras su estreno mundial en el Sundance Film Festival, Jaripeo tiene proyecciones programadas en la Berlinale y el Glasgow Film Festival. Sus creadores han señalado que uno de sus objetivos es llevar la cinta de vuelta a su comunidad, en un regreso que no solo es artístico, sino también personal y familiar.














