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Atole de cempasúchil, tradición que cobra auge en Palma de la Cruz en Soledad

En la localidad de Palma de la Cruz, una de las comunidades más representativas por su actividad económica y gastronomía de Soledad de Graciano Sánchez, se mantiene una gran tradición para rendir homenaje a quienes han partido, manteniendo viva la memoria y el legado de las generaciones pasadas, pues durante la temporada de Día de Muertos, emerge una preparación única de Atole de Flor de Cempasúchil elaborada por la señora Yolanda Santillán y su familia.

Desde hace casi cinco años, la señora Yolanda se ha consolidado como pionera en la preparación de esta bebida en la región, donde su consumo no es tan común como en otras partes de la República Mexicana, ya que la idea de elaborar el atole nació de uno de sus hijos, quien le compartió la receta. «Al enterarse de que preparaba esta bebida, en un jardín de niños de la localidad me la pidieron, así como para un evento que organizó el Ayuntamiento el año pasado», relató.

La receta se compone de ingredientes sencillos pero frescos, pues para preparar un litro de atole de cempasúchil, Yolanda utiliza cuatro flores de cempasúchil desinfectadas, cuatro tazas de leche, una taza de agua, tres cucharadas de almidón de maíz, dos piezas de piloncillo y un pedazo de canela.

El proceso de elaboración comienza licuando las flores deshojadas con una taza de leche; después en un recipiente a fuego medio, se calientan tres tazas de leche junto con la canela y el piloncillo. Una vez que la mezcla hierve, se incorpora la mezcla de flores y leche, y finalmente se agrega el almidón para espesar el atole, pero es importante que la flor esté fresca, ya que usar pétalos marchitos podría alterar el sabor, haciéndolo amargo.
La cocción del atole debe llevarse a cabo por no más de 30 minutos, asegurando que su consistencia sea equilibrada, ni demasiado líquida ni muy espesa. Aunque su sabor no es inherentemente dulce, algunos lo comparan con el del elote, y Yolanda comenta que, a pesar de que no todos están dispuestos a probarlo, hay quienes se sorprenden gratamente con su peculiar sabor.
El atole de Flor de cempasúchil destaca por su profundo simbolismo, ya que utiliza la flor amarilla que guía a los difuntos en su camino. «La flor tiene un sabor como a hierbita; su aroma es fuerte, pero en el atole no se percibe tan intenso,” explica Yolanda, quien asegura que el aroma es lo suficientemente evocador para recordar a los seres queridos que han partido, mientras el calor del atole reconforta a los vivos.

Cada vez más, esta preparación de temporada en Día de Muertos es reconocida en el municipio de Soledad, y llama la atención de regiones vecinas, quienes comienzan a interesarse y toman esta preparación para incluirla entre las actividades que honran a nuestros seres queridos.

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